En la plaza hay un extraño silencio, no pasa nadie, ni un autobús, ni un coche, ni una persona.Al alzar la mirada, ve en el cielo la luna escondida tras unas nubes ligeras, que parecen querer ocultarle algo, a pesar de que la noche es magnifica. Por unos instantes se pregunta ¿Adónde vas? No vayas, vuelve a casa, ésta no es la solución. Casi se responde a sí misma. Lo sé, pero tengo ganas. ¿Ganas de qué? De todo. De libertad. Y casi se siente atemorizada de esos pensamientos. De lo que no puedo hacer en estos momentos. Después le mira a él, que le está pasando el casco, y se tranquiliza. No es la solución pero pero no pasa nada porque salga con él.
-¿Adónde quieres ir?
-A donde sea. Me quiero perder...
Él se queda desconcertado. Luego sus miradas se cruzan y basta un instante. En esos ojos ve a la mujer, a la niña anhelante de libertad, a la rebelde, a la frágil, a la fuerte y a la aventurera. Pasión y vida en una mirada sostenida, que casi lo asusta. Después la Irene de siempre esboza una dulce sonrisa.
-¿Vamos?- le pregunta.
Y en un segundo se pierden en el viento, como ella quería.
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